El Movimiento

La vida es movimiento. Todo se mueve; los planetas, las galaxias, nosotros mismos y al interior del cuerpo, lo infinitamente pequeño. Realizar movimientos es cultivar la vida dentro de sí por su “mouvance” (animación, cambio, movimiento continuo). Si ponemos la consciencia en el movimiento, participamos en la vida y nos fundimos en ella. Así, al buscar la energía de vida en el movimiento, nos ponemos en empatía con el universo. La eternidad es indefinible, la vida es definible por un número infinito de movimientos mediante los cuales se expresa. La energía vital anima los cuerpos y circula a través de los centros energéticos y de los meridianos. Cuando se estanca, o cuando se bloquea, se producen trastornos que afectan a los órganos involucrados en estas áreas.

Estos corren el riesgo de involucionar hacia la enfermedad. Por esta razón, es esencial velar permanentemente por una buena circulación energética. La activación de esta energía vital permitirá restablecer dicha circulación. El movimiento siempre debe estar acoplado a la energía de la mirada. La mirada nos permite tomar conciencia de todo lo que nos rodea. Nuestra época materialista nos aleja de la belleza. Es importante cambiar esta mirada de frialdad y de dureza y obtener una nueva forma de apreciarnos a nosotros mismos y de apreciar nuestro entorno. Con el movimiento ocurre lo mismo; deberá ser bello y armonioso para sintonizarse con la naturaleza que resplandece por su esencia.