Ética y Virtud

Si tenemos esta determinación, para su mejor-estar y para el bien-estar de los otros, la demanda deja de enfocarse en lo personal para abrirse hacia el colectivo. ¿Qué es el colectivo? No confundir el colectivo con el colectivismo. El colectivo es un conjunto. Hablamos entonces del colectivo de los seres humanos, cualquiera sea su raza, su religión o el lugar de su nacimiento o residencia. La potencia de esta apertura es la única que permite acceder a los niveles superiores de la maestría de esta disciplina. Así, nos daremos muy rápidamente cuenta de la fuerza de la toma de consciencia cuando ésta está dedicada no a sí mismo, sino a toda esta humanidad que está unida a esta Fuente única.


La virtud del Kin-Jo da la posibilidad al alumno, si esa es su elección, de vivir la rectitud, la consciencia, el compromiso, la tolerancia, el reconocimiento, lo sagrado, la espiritualidad y el amor universal.


La rectitud

Para representar la rectitud, podemos visualizar una línea recta imaginaria que uniría la tierra al cielo y que atravesaría cada ser de arriba a abajo. Si consideramos al ser humano como una antena, un nexo de unión entre el lado cruz y lado cara de la trama, comprendemos que su función primera es la de encarnar una línea recta y  no una línea quebrada. Esta consiste a mantenerse derecho físicamente, en equilibrio y a percibir que estamos al servicio de esta línea que debe ser nuestra ética y que nos une a la fuente primaria.


La consciencia.

Confundimos con frecuencia inteligencia con consciencia. La conciencia es una energía universal que no pertenece al ser humano sino a la Creación. Cuando tomamos conciencia, aprovechamos una oportunidad: la de progresar. Este progreso es un deseo de fusión «: encontrar la fuente en si mismo que nace de esta fuente única.  Llegar a ser consciente es una dicha, puesto que es el único medio para poder adquirir la libertad.  Si el ser humano persiste en la inconsciencia, corre el riesgo de ser engañado y ser el juguete de los demás pero también de las fuerzas negativas. La conciencia abre las puertas de la eternidad. La inconsciencia no produce nada,  arrulla con ilusiones para dormir a sus presas y enviarlas a las esferas de la anti-consciencia.


El compromiso.

No podemos comprometernos en nada si no estamos en nuestra propia identidad, es decir en la plenitud de nuestra propia personalidad. Si vivimos en la rectitud y en consciencia, podremos entonces comprometernos en nuestras elecciones y en nuestra vida. Poco importan nuestras opciones, lo más importante es que sean las nuestras, con certeza.


La tolerancia

Los grandes tolerantes son aquellos que están en el reconocimiento del ser humano, de sus debilidades, de sus grandezas. Ellos saben ponerse al alcance de todos, sin ningún juicio arbitrario y sin sentimientos de superioridad.


El reconocimiento

El reconocimiento viene de la tolerancia. Si toleramos la diferencia y la multiplicidad de facetas positivas y negativas de los demás, si somos capaces de entablar un diálogo de corazón a corazón, podemos entonces reconocernos y reconocer a los demás, con una admiración consciente desprovista de proyecciones alienantes. El arte, es expresar sinceramente emociones, decisiones, siguiendo un concepto y un prisma personales. Por el reconocimiento del prisma, seremos entonces capaces de manifestar una admiración sincera.


Lo sagrado

No podemos tener el sentido de lo sagrado si no hemos aprendido a respetar a los demás y a respetarnos a nosotros mismos. Lo sagrado es el reconocimiento de la presencia divina en sí mismo, en el otro y en toda cosa. Lo sagrado es una extensión de la consciencia, donde la pequeña roca y el botón de oro, el pájaro y el niño, el hombre y las estrellas, son una misma realidad nacida de esta fuente universal.


La espiritualidad

Cuando estamos en el respecto de la naturaleza y de lo sagrado que ella encarna, podemos entonces abrir nuestra conciencia a la supra conciencia. Esto nos lleva hacia espacios más sutiles que no son perceptibles a los ojos pero si a los sentidos. La espiritualidad es el deseo de empatía con el universo, el deseo de comunicar con el Espíritu que anima toda cosa y que insufla la vida a través de los mundos. La espiritualidad, es el progreso del alma hacia la fuente de donde nace.

El amor universal

Entonces solamente, podremos encarnar esta energía de amor universal que ilumina y sublima; esto es indescriptible e intransmisible, como la verdad; es por la perfecta maestría del Kin-Jo que el ser iniciado tiene la posibilidad de acceder a él.